Viva la llevaron, con vida y libre la queremos

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Documento leído hoy, 16 de marzo de 2016, en la marcha que hicimos en Neuquén

 

En clave militante, feminista, para nosotras marzo es el mes de las efemérides que nos atraviesan, de las fechas que no se festejan, de las deudas que este Estado no cancela. Es siete, es ocho, es dieciséis, es veinticuatro de marzo: ni olvido, ni perdón, ni reconciliación.

Once años después de una constante desaparición forzada se tornan insoportables, inefables. Nos escucharon todos estos años todas las palabras. Conocen las pistas, las hipótesis, las denuncias, incluso las rabias y los temores.

Así, por ejemplo, en todo este tiempo denunciamos la responsabilidad del Estado en la permanencia de las redes de trata: porque el poder legislativo no diseña leyes que realmente combatan la Trata, porque el poder judicial no persigue proxenetas ni tratantes ni busca a las desaparecidas, porque las fuerzas de seguridad siempre están implicadas en las redes y porque los gobiernos, lejos de investigar, castigar y condenar a estos policías, los premian y les adjudican más poderes.

Denunciamos que para el poder judicial argentino -aún después de lxs 30.000 y aún después de tantas desapariciones en democracia-, desaparecer  personas no constituye delito, realidad que libra a  la voluntad de cada fiscalía si se investiga o no. Así, cuando las desaparecidas son mujeres jóvenes opera además el sexismo y las explicaciones se reducen a supuestas huidas con noviecitos, a fugas de hogar o a cualquier otra especie de justificativo que las responsabilice.

El 1 de julio de 2010 hicimos público, mediante conferencia de prensa,  el nombre de quien sería partícipe y co-responsable de la desaparición de Florencia por cuanto jugó un rol fundamental en la disolución de pruebas y en la generación de información basura tendiente a dilatar la búsqueda y a generar una actuación judicial innecesaria y no conducente. Es el comisario Jorge Cipolla y ha sido denunciado por la propia policía como responsable del cobro de coimas que darían libertad de acción a tratantes y regentes de prostíbulos de la Capital Federal y de la Provincia de Bs As.  Transcurrieron casi seis años desde que hicimos pública esta información que podría haber servido de aporte y, sin embargo, absolutamente nada se investigó. Nada.

Pasaron once años,  “¿Y, qué se sabe de tu amiga?” nada, y qué avances hay en la investigación? Nada ¿Quién sabe algo de Florencia hoy? Nadie. Aquí no pasa como en las películas sobre trata de mujeres con final justo y feliz, ni como en el relato norteamericano sobre tratantes, mafiosos, policías buenos y padres rescatistas exitosos. No. Aquí no hay final ni felicidad. Porque a Yamila Cuello nadie la rescató. A Marita Verón nadie la rescató

 

Hoy tanta denuncia se nos hace silencio. Porque marzo nos atraviesa todos los veranos, todos los otoños, todos los días y todos los años. Porque parece mentira que un país con nuestra historia mantenga un poder judicial que garantiza estos niveles de impunidad. Se nos hace nudo, se nos hace carne, se nos va la vida y se llevaron a Florencia hace once años. Y aunque la única lucha que se pierde es la que se abandona, no nos está siendo vivible esta lucha porque en su transcurrir no encontramos avances. No podemos más palabras porque todavía no encontramos a Florencia, porque su familia no la encuentra, sus afectos no la encuentran, porque otras/otros que luchan no la encuentran y porque los que tienen que encontrarla ni siquiera se molestaron en buscarla. No podemos naturalizar las desapariciones forzadas como si todos los días empezara la historia, como si no tuviéramos memoria. No podemos desesperanzarnos ni desesperanzar. No se trata de cerrar la causa y hacer como que no se pudo y como que aquí no ha pasado nada. La desaparición forzada es un mecanismo de tortura, hoy y en dictadura.

 

No podemos minimizar las responsabilidades: hay un fiscal de la nación que se llama Marcelo Retes y nunca motorizó la investigación. Hay dos comisarios acusados formalmente de involucramiento en redes de trata que fueron parte de la causa de Florencia y nadie los investigó por ello. No vamos a dejar de señalar las responsabilidades. Detrás de cada desaparición hay un mundo de incomprensiones que no sana, pero también hay expectativas y hay también convicción. Podría no ser imposible. // Porque puede no ser imposible es que vamos a seguir acá.

 

Durante los gobiernos kirchneristas, los funcionarios no buscaron a las tantas mujeres desaparecidas en democracia, no tenemos ninguna expectativa con este gobierno. La  situación es mucho peor, porque la vulnerabilidad de potenciales víctimas es directamente proporcional a la pobreza, a la injusticia, a la impunidad. Este es un presidente neoliberal, fascista, represor, empresarial y machista. Sabemos que corren tiempos cada vez más hostiles y violentos, que se está desinflando la vaca que nunca vivió,  que la provincia está otra vez en ruinas, que tenemos un gobierno provincial que se supo acomodar (casi) siempre en sintonía con el gobierno nacional y un intendente del PRO. Si hay algo que en estos pocos meses hemos corroborado es que estos nuevos viejos gobernantes no van a escatimar en autoritarismo y violencia, en favorecer a los pocos de siempre y en echar por tierra las pocas políticas públicas tendientes a achicar la brecha de desigualdades económicas y de sexo-género.

 

Para finalizar, queremos decir que aunque la causa por la desaparición de Florencia esté en Capital Federal, ella es neuquina y esta provincia cuenta con una gran historia de lucha y organización, porque sabemos de dictaduras, de injusticias, de represión, de desapariciones, de saqueos, de despojos, de desplazamientos territoriales, de violencias y violaciones, de tener que abortar en la clandestinidad, de abusos, de gatillo fácil, de asesinatos a docentes, a niñxs, a jóvenes, sabemos de contaminación, de corrupción, de persecución política, de apropiaciones, de vaciamientos, de privatizaciones, de despidos, de hambre y pobreza. Hemos aprendido a luchar porque tenemos a las madres de plaza de mayo, al pueblo mapuche, a las que son HIJAS y fueron HIJOS, tuvimos choconazo y cutralcazo, tenemos a los y las docentes y estatales combativas, a las lesbianas,  a las feministas históricas, a las chicas trans, a mujeres organizadas, a las y los ambientalistas, a estudiantes, a obreras y obreros de fábricas recuperadas, a  comunicadores y comunicadoras críticas, también a los partidos políticos de izquierda y la una larga lista que continúa.

 

Pero además nos queda este encuentro, este espacio, este acto de cuerpos presentes que es un acto de resistencia. Contra el olvido, por la justicia. Insistimos. Queremos aparición con vida.

Sin Cautivas

Feministas por la resistencia

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SOMOS SEMILLA, SOMOS MEMORIA, SOMOS LA FLOR QUE NACE EN LA IMPUNIDAD

¿Donde está Florencia Pennacchi? 10 años desaparecida

(documento leído en la marcha realizada el lunes 16 de marzo en Neuquén)

Aquí estamos. Nuevamente nos encontramos en la calle. Aunque muchas de las personas que están aquí vienen caminando en esta lucha desde hace unos años, estamos contentas de ver caras nuevas. A ellas queremos contarles que Florencia nació aquí, estudió la primaria y la secundaria en esta ciudad y a los 18 años se fue a vivir a Buenos Aires. Allí estudiaba ciencias económicas y trabajaba en el gobierno de la Ciudad hasta que el 16 de marzo de 2005, cuando tenía 24 años, fue secuestrada.

 

Ante lo incomprensible de una desaparición algunas de sus amigas se organizaron políticamente. Seguían los pasos de aquellas mujeres a las que 30 años antes les habían desaparecido sus hijos. Las amigas de Florencia comenzaron a vincularse con organizaciones feministas, sociales y de derechos humanos, y crearon Sin Cautivas, la organización feminista desde la que convocamos esta marcha y también las actividades de teatro contra la trata que realizamos durante el fin de semana.

 

Fueron estos lazos políticos los que permitieron esbozar algunas posibles respuestas para la pregunta  ¿Dónde está Florencia? Una es la trata. Sobran motivos para pensar que es la respuesta más probable: creemos en la palabra de mujeres que fueron víctimas de trata y que vieron a Florencia; sabemos que el comisario que intervino durante los primeros años en la causa de Florencia está implicado en redes de trata de la ciudad de Buenos Aires, que manipuló la investigación sobre el secuestro de Florencia, que arrebató pruebas, que declaró mentiras sobre su vida, fomentando la idea de que se había ido por su voluntad, responsabilizándola por lo que pudiera haberle ocurrido.  Este ex comisario, Jorge Cipolla, es el hilo de Ariadna, el que podría llevarnos al principio de este laberinto para saber dónde está Florencia. Sin embargo, todavía no se lo investigó. Desde el año 2010 estamos exigiendo que se investigue a Cipolla por la desaparición de Florencia, desde que Nancy Miño Velázquez lo denunció por su participación -y la de otros miembros de la Policía Federal- en redes de trata.  Son denuncias graves y son denuncias públicas. Sr  Fiscal Marcelo Retes, ¿qué está esperando para  agarrar este hilo y buscar a Florencia?

 

Florencia lleva 10 años desaparecida. La desaparición forzada es un mecanismo de tortura, hoy y en dictadura. De la desaparecida sabemos que no está, sabemos que donde haya estado o esté, no está bien. Quienes conocemos al desaparecido, a la desaparecida, o quienes sabemos de su desaparición, sabemos que la pasa mal, sabemos que lo que le ocurre puede ocurrirnos y allí radica el terrorismo de la desaparición forzada. En dictadura fueron 30000 personas ¿en democracia? Difícil saber cuántas. Son las chicas que desaparece la trata. Son los chicos que desaparece la policía (u otras fuerzas de seguridad estatales o privadas). Como Sergio Ávalos, que estudiaba economía, igual que Florencia. Como Daniel Solano, que denunció una red de trata que vincula a galpones de empaque de la fruta y lleva más de tres años desaparecido. Como Luciano Arruga, que se negó a robar para la policía y estuvo casi seis años desaparecido hasta que -después de un anuncio de aumento de recompensa por datos- alguien dijo dónde estaba su cuerpo, ¿cuánto dinero es necesario para que alguien diga algo sobre Florencia?

 

Florencia Pennacchi, Yamila Cuello, Marita Verón, Fernanda Aguirre, Maria Cash, y una lista interminable de mujeres jóvenes desaparecidas son muestra de la justicia sexista y patriarcal de nuestro país, ellas son la prueba de un Estado terrorista sexual que tiene involucrados todos sus poderes en el funcionamiento de la máquina de desaparecer. En este mismo Estado, el año pasado 277 mujeres fueron asesinadas, la mayoría por sus parejas o ex parejas. Muchas de ellas ya habían denunciado a sus asesinos por violencia de género. 1808 femicidios en los últimos siete años, miles de asesinos/femicidas impunes. Hoy. Hoy apareció muerta Daiana García, la chica de 19 años que estaban buscando desde el viernes, había ido a una entrevista de trabajo. Alrededor de cien mujeres al año mueren porque el Estado argentino no reconoce el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Las vidas y los cuerpos de las mujeres son territorios de ejercicios de violencias sistemáticas, de torturas, de disputas entre machos. Es nuestra realidad y es la realidad de nuestras hermanas latinoamericanas.

 

Ante un femicidio, ante una desaparición los medios de comunicación siguen responsabilizando a las víctimas. No importa que hayamos avanzado en leyes contra la violencia heteropatriarcal, en perspectivas críticas, en “periodismo con perspectiva de género”. El sentido común del capitalismo heteropatriarcal se expande y se acomoda de manera tal que las mujeres, sobre todo las mujeres pobres, y los sujetos feminizados estamos obligadas a vivir bajo el riesgo de ser secuestradas, violadas, asesinadas o acosadas y siempre, siempre, vamos a ser culpabilizadas de lo que nos pasa.

 

Insistimos, en todas las desapariciones hay vínculos evidentes, hay pruebas, hay testigxs. Porque cuando denunciamos las redes de complicidad no estamos enunciando consignas vacías, porque cuando decimos que hace 10 años secuestraron a Florencia y la justicia parece seguir en foja cero estamos señalando a los responsables de la impunidad.
Ante una desaparición, unas horas es mucho tiempo. 10 años son insoportables. Florencia está detenida en el tiempo, su imagen está detenida en el tiempo. Mientras tanto, para nosotras el tiempo pasa y pesa. En todos estos años, ante la ausencia de Florencia, contra la trata de personas, muchas personas hemos estado presentes. Sus amigas/os, sus familiares, organizaciones feministas, de derechos humanos, partidos de izquierda, organizaciones estudiantiles y sindicatos. No estuvimos solas, teatristas, cantantes, artistas plásticas, músicas, cineastas, diseñadores también pusieron el cuerpo. Cientos de personas pusieron sus rostros y sus palabras en el Muro Contra la Trata. Queremos destacar y agradecer especialmente todas y cada una de estas personas que han sentido y han puesto el cuerpo en la búsqueda de Florencia. Quisimos que Florencia fuera la última desaparecida, aún no lo logramos. Aquí estamos de vuelta todas, todos, intentando corporizar una ausencia. Seguimos en la lucha por exigir aparición con vida de las desaparecidas. En la resistencia, sembrando memoria entre tanta injusticia e impunidad. Seguiremos caminando juntxs en este camino. ¡Hasta encontrarla! ¡Hasta encontrarlas!

Sin Cautivas

Feministas por la Resistencia

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1Se cumple un nuevo año del secuestro de Florencia y otra vez la fecha nos encuentra con más dudas que justicia; con más impunidad que respuestas. Solo sabemos que el 16 de marzo de 2005 Florencia salió de su casa y no hemos vuelto a verla. Desde entonces, una serie de indicios nos confirman que fue secuestrada por redes de trata. Los más evidentes: dos mujeres, víctimas recuperadas de redes de trata, aseguran haberla visto en un local; y
en 2010, cruzando información periodística, supimos que al menos uno de los policías que intervino en la causa de Florencia está involucrado en redes de trata de Buenos Aires y ha sido separado de su cargo por tal causa.

Sólo con estos dos datos el fiscal Marcelo Retes (quien tiene la causa) podría investigar la línea de trata. Sin embargo, Retes decidió desestimarlos y nunca buscó a Florencia. Para nosotras esta decisión es otro indicio de la mafia que está detrás de la desaparición de Florencia y vivimos ante el riesgo de que de un momento a otro resuelva cerrar la causa en la que nunca trabajó

Estamos hablando de voluntades pero también de decisiones políticas. De una justicia argentina de la cual este funcionario es cómplice, una justicia que puede garantizar estos niveles de impunidad sin rendir cuentas a nadie ni dar explicaciones sobre su accionar. Estamos hablando de poderes de un Estado que ignora a una familia y a una sociedad que hace nueve años está reclamando un gesto de respeto, un gesto que pruebe que aquí hay derechos humanos básicos que garantizar: ¡que Florencia es una humana con derechos a garantizar!

Hoy, 16 de marzo de 2014, nos reencontramos porque no vamos a dar un paso atrás en esta búsqueda, porque no estamos dispuestas a naturalizar estas violaciones sistemáticas. Porque éste no es un caso aislado, aunque particularmente nos afecte de cerca. La desaparición de Florencia no está desvinculada de todas las manifestaciones de violencia heterosexista de las que las mujeres somos víctimas, está en el marco de un Estado que vende políticas de género, pero que en la práctica no interviene para garantizar ni siquiera los derechos fundamentales de existencia, de autonomía y de decisión de las mujeres. Un Estado que asume como méritos la sanción de “leyes salvadoras” que rellenan discursos sobre la inclusión, mientras no hace nada cada vez que una mujer denuncia a un
golpeador, a un violador o a un abusador. Cada vez que una mujer es ignorada, de manera sistemática, por una policía corrupta y machista, que avala y permite la impunidad de los violentos, incrementando el número de femicidios. Muertes de mujeres que el Estado observa, callado, como a las mujeres que mueren por abortos clandestinos.

Estamos acá porque estamos embroncadas y no nos vamos a quedar quietas ni calladas, porque estamos convencidas de que la única resistencia posible ante la perpetuación de la violencia, la pobreza y la dependencia de las mujeres bajo este sistema capitalista heteropatriarcal, es la lucha. Porque esto tiene que cambiar.

No damos ni un paso atrás.

 

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8 años después

Nuevamente, nos encontramos en la calle.
Para quienes se acercan por primera vez, queremos contarles que un día como hoy, pero hace ocho años, Florencia Pennacchi fue secuestrada en Buenos Aires. Florencia es neuquina y en ese momento estaba estudiando Economía allì. Su causa está en manos del fiscal Marcelo Retes, de la fiscalía Nº 23 de Capital Federal, quien no ha hecho ningún avance para acercarse a la verdad de los hechos; después de los peritajes iniciales, la causa quedó paralizada. Desde su secuestro, dos mujeres aseguran haberla visto, ambas jóvenes son víctimas recuperadas de redes de trata. En 2010, cruzando información periodística, descubrimos que al menos uno de los policías que intervino en la causa de Florencia está involucrado en redes de trata de Buenos Aires y ha sido separado de su cargo por tal causa. Sin embargo, hoy, a ocho años de su desaparición y habiendo todas estas pistas, la Justicia no tiene nada para decir sobre la causa de Florencia. Pero nosotras insistimos, Florencia ha sido secuestrada por una red de trata. Florencia es parte de las cientos de mujeres que las redes de trata con fines de explotación sexual captan por año y la justicia argentina no la busca.
Según el último informe de la Unidad Fiscal de Asistencia en Secuestros Extorsivos y Trata de Personas (UFASE), no existe ningún sistema de información que pueda dar cuenta del total de causas existentes en el país por trata de personas con fines de explotación sexual. No sabemos cuántas, pero sabemos quiénes son. Son mujeres como Florencia, que tienen amigas y familia; que trabajan y estudian… La mayoría de ellas (el 70%) son mayores de edad, provienen de ciudades pequeñas, que no superan los 70.000 habitantes, y pertenecen a los sectores empobrecidos de nuestra sociedad. Algunas fueron secuestradas en lugares públicos, como Florencia o Marita Verón, pero la mayoría fue engañada: les prometieron amor o un trabajo para poder explotarlas.
Las redes de trata sólo pueden combatirse si se reconoce las condiciones en las que operan. Operan en un sistema desigual, el capitalismo heteropatriarcal; un sistema que somete a las mujeres, que son el 80% de la población pobre del mundo; un sistema que vulnera sus derechos. En un país como el nuestro, con una legislación hipócrita que no reconoce el trabajo sexual, son las mujeres que integran ese 80% a las que les prometen un trabajo que deviene en explotación. A ellas es a quienes engañan en relación con las condiciones en las que se ejercerá la actividad prometida (informe UFASE). Es decir, muchas acceden a una propuesta de trabajo sexual , pero bajo condiciones distintas a las que finalmente se ven sometidas. Es también a ellas a quienes los proxenetas engañan con falsas situaciones amorosas y luego acuerdan con los regentes de prostíbulos un porcentaje de su explotación (informe OIM).
Políticas públicas como las que se vienen llevando a cabo en nuestro país, de cierres abruptos de prostíbulos y casas de citas, incluso cuando éstas son autogetionadas por trabajadoras sexuales, facilitan las condiciones de maniobra para la explotación sexual y la trata de mujeres, al tiempo que otorgan más poder a las fuerzas represivas corruptas que se benefician en la clandestinidad. Por lo tanto, estás medidas no solamente no combaten la trata sino que además implican condiciones laborales cada vez más peligrosas para las trabajadoras sexuales, ya que no gozan de ninguno de sus derechos laborales y padecen peores niveles de marginalidad, estigmatización y precarización. Ponemos énfasis en este punto dado que las recientes políticas públicas, en consonancia con los postulados del feminismo abolicionista, insisten en emparentar la lucha contra la trata con la lucha contra la prostitución, lo cual -además- tiene consecuencias evidentemente negativas para la propia lucha contra la trata. En Argentina, las trabajadoras sexuales organizadas vienen advirtiéndonos sobre esto desde hace tiempo, pero sus voces son sistemáticamente desoídas, sus aportes son ninguneados y sus reclamos y necesidades están invisibilizados. Creemos que la clave para encaminar la lucha contra la trata está en el reconocimiento del trabajo sexual, en una alianza política y sorórica con estas mujeres que tantos derechos tienen para recuperar y tantos saberes tienen para aportar.
Revisando las experiencias jurídicas contra la trata en otros países del mundo, rápidamente, se pueden encontrar datos sobre experiencias semejantes a la de nuestro país que tampoco han dado buenos resultados. Estados Unidos, por ejemplo, tiene un tipo de legislación similar a la nuestra, en la que la prostitución está criminalizada y ello no ha impedido ni esta actividad ni el avance de la trata. En Suecia, desde 1999, se penaliza a todos los agentes de la prostitución, sean trabajadoras sexuales, proxenetas o clientes. Esta legislación ha profundizado los niveles de clandestinidad, terreno fértil para el desarrollo de la trata. A su vez, al criminalizar a los clientes, se generan nuevas formas de ofrecer y de comprar servicios sexuales, y se empuja la actividad a ámbitos de mayor vulnerabilidad y desprotección. En Europa, las políticas anti trata están estrechamente ligadas a las políticas de seguridad y control de inmigración, no a la protección de los derechos humanos. Así, por ejemplo, en España, el estado supone que el 95% de las trabajadoras sexuales son migrantes que están obligadas a ejercer la prostitución y por lo tanto, son víctimas de trata sexual#.
En Argentina, las últimas legislaciones parecen llevarnos a un sistema de prohibición semejante a estos, de hecho, en Córdoba, en pleno apogeo de la demagogia gubernamental supuestamente anti trata, se les ofreció plata y pasajes a las trabajadoras sexuales de los prostíbulos allanados para deportarlas a sus provincias, ciudades o países. Al mismo tiempo, la prensa que da cuenta de estos allanamientos, las presenta como víctimas rescatadas, cuando en realidad están siendo demoradas y/o detenidas por estar ejerciendo el trabajo sexual. Nos presentan como víctimas rescatadas de las redes a mujeres que están trabajando y a las que se les niega voz.
La misma justicia que absolvió a todos los acusados de secuestrar a Marita Verón, que no tiene mecanismos eficientes de acción ante la desaparición de una persona, que no tiene estructura para reaccionar –tal y como lo requiere una situación de trata-, que no tiene un organismo nacional que coordine y lleve un registro de las personas desaparecidas, que no destina fondos ni políticas para la protección de las víctimas, que puede tener una causa como la de Florencia ocho años dormida en los escritorios de una fiscalía, sigue siendo una justicia absolutamente sexista en sus prácticas y prioridades.
La trata de mujeres es una manifestación de violencia entre otras a las que nos vemos sometidas las mujeres. La mayoría de las políticas públicas destinadas a prevenir o erradicar esas violencias son de carácter netamente demagógico, en los hechos concretos, el Estado no destina ni presupuesto ni estructura para materializarlas. Tenemos una ley integral de violencia que no se ejecuta. Tenemos un fallo de exhortación de la Corte Suprema para la atención de abortos no punibles que al menos 10 provincias no acataron y/o ponen límites o trabas. Tenemos una modificatoria a la ley de trata que no está reglamentada, que es letra muerta.

La lucha contra la trata debe contemplar políticas estructurales de acceso a derechos económicos y sociales que vayan reduciendo los factores de vulnerabilidad de las mujeres. Difícilmente ocurra eso en nuestro país. Porque vivimos en un estado terrorista sexual que pone a disposición sus estructuras para restringir el acceso de las mujeres a sus derechos, o ni siquiera reconocerlos, como el derecho a decidir interrumpir embarazos no deseados. Porque vivimos en un país que se supone laico e independiente de la iglesia pero sigue sujeto a sus dogmas, empujando a la clandestinidad a quienes deciden sobre sus propios cuerpos. Porque vivimos en un país en el que se profundiza el modelo de saqueo y extractivistivismo que agudiza las desigualdades. En definitiva, un país cuyo gobierno se vanagloria con la ampliación de derechos a los que luego va a ser imposible acceder, no es un país de derechos humanos.

¿DONDE ESTÁN LAS DESAPARECIDAS?

Florencia-Penacchi

APARICIÓN CON VIDA DE

FLORENCIA PENNACCHI

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A 8 años de la desaparición de Florencia Pennacchi : MARCHAMOS !!

El 16 de marzo de 2005, Florencia Pennacchi fue secuestrada en Buenos Aires. Florencia es neuquina y estaba estudiando Economía en esa ciudad. En estos ocho años, el fiscal a cargo de investigar y encontrar a Florencia –Marcelo Retes- no ha hecho ningún avance para acercarse a la verdad de los hechos; después de los peritajes iniciales, la causa quedó paralizada. Desde su secuestro, dos mujeres aseguran haberla visto, ambas jóvenes son víctimas recuperadas de redes de trata. En 2010, cruzando información periodística descubrimos que al menos uno de los policías que intervino en la causa de Florencia está involucrado en redes de trata de Buenos Aires y ha sido separado de su cargo por tal causa. Seguimos exigiendo su aparición con vida y el desmantelamiento de las redes de trata
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A (in) justicia machista, escrache feminista

Parece que lo primero que sentimos es indignación, pero inmediatamente nos damos cuenta de que no, es otra cosa, porque lamentablemente, lo cierto es que no nos sorprende. Nosotras, como Marita, somos de la generación que creció en democracia, sin embargo, muy temprano hemos aprendido que vivimos en un mundo injusto: capitalista y heteropatriarcal. En este mundo, en nuestro país, los jueces y juezas actúan protegiendo a los poderosos, a los genocidas de la última dictadura militar, a los empresarios (asesinos) sojeros, a los femicidas, a los explotadores, sean empresarios, proxenetas o tratantes. Como ocurrió en Tucumán.

Intetamos explicarnos qué ocurrió. Es un juicio que llega tarde, muy tarde, diez años después del secuestro de Marita. Un juicio en el que las víctimas son expuestas a relatar sus calvarios y sus testimonios son desacreditados, porque para los jueces no son prueba suficiente para juzgar a los acusados. Un juicio en el que ninguno de los acusados tuvo el valor de decirle a una Susana qué hicieron con su hija, o a Micaela dónde está su mamá. El caso de Marita, a partir de la lucha emprendida por su madre, es conocido en todo el mundo, pues el fallo de este tribunal se convierte no sólo en un papelón internacional, sino además en un monumento a la impunidad: nos preguntamos, ¿qué justicia pueden esperar las cientos de desaparecidas anónimas, provenientes de familias pobres, sin recursos ni acceso a medios y a abogados?

Intentemos otra explicación. Vivimos en un Estado proxeneta. Tenemos una ley contra la trata con serias deficiencias y un proyecto de reforma de la misma que perdió estado parlamentario. Tenemos cientos de funcionarios políticos de los diversos estamentos que promueven medidas cosméticas que no sirven para encarcelar proxenetas, sino para perseguir a las mujeres que están en las calles, en los prostíbulos, a las trabajadoras sexuales. Tenemos jueces como éstos, que garantizan la impunidad de los tratantes, que dan un mensaje claro a los fiolos: hagan lo que quieran. Tenemos medios de comunicación que hoy se rasgan las vestiduras por Marita y mañana ponen en horario central ficciones en las que héroes son los violentos, los machistas.

Nos resistimos a seguir soportando estas injusticias. Nos encontramos nuevamente en la calle. Mañana, a las 19.30 en el monumento a San Martín de Neuquén. Nos quieren calladas, ¡gritamos basta!

Sin Cautivas, Feministas por la resistencia

11-12-12

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