“siguen sueltos y caminando a la par nuestra. No hay pruebas suficientes para incriminarlos y no se los puede procesar”
 “nadie genera cambios para que los familiares de víctimas puedan tener libre acceso a la Justicia como un derecho humano que nos pertenece”

Roberto Uriarte

Otoño Uriarte, una joven de la localidad de Fernández Oro, desapareció el 23 de octubre de 2006 y fue hallada muerta en el 26 de abril de 2007 en un canal de riego. Hoy tendría 22 años. La ciudad de Fernández Oro continúa realizando movilizándose para exigir justicia por ella, una de las cientos de víctimas de trata de personas.
La causa que investiga su desaparición y muerte pasó por distintas instancias y en la actualidad, seis años después, no hay detenidos por lo sucedido hace siete años. Fueron encontrados gran cantidad de indicios que señalan a los acusados como culpables, uno de estos, una prueba de ADN. Pero la ineficiencia y complicidad de las autoridades político-judiciales impiden que el caso avance. Incluso, en la búsqueda de Otoño, se han obtenido pruebas del alto grado de participación que tiene la policía en las redes de trata: hay escuchas telefónicas en las que se revela una conversación entre un proxeneta y un policía; hay falsas declaraciones de la policía de Fernández Oro (según las cuales ciertas pruebas no estaban en la zona cuando ocurrió el secuestro), y varios de los miembros de la policía de Fernández Oro se encontraban presentes en las declaraciones de los/as testigos/as y eran quienes decían qué declaración se desestimaba y cuál no. Asimismo, fue la policía quien dijo a los medios de comunicación la hipótesis de que Otoño se había fugado con un “novio”.
El accionar del juzgado fue paupérrimo y la procaduría general de Río Negro lo reconoció, pero en ese momento no dio lugar al pedido de cambio de jueza María del Carmen Garcia Garcia, aunque reconoció que la misma había actuado de manera incompetente en la causa. Recién en agosto de este año se conoció la resolución del Consejo de la Magistratura de remover del cargo a la misma. El juicio político contra García García se llevó a cabo cuando la procuradora general del Poder Judicial, Liliana Piccinini, solicitó la remoción de aquella por “falta de idoneidad y aptitud”. García García se encontraba de licencia médica desde el año 2009.
Roberto Uriarte, padre de Otoño, manifestó que la muerte de su hija está calificada como “violencia de género, femicidio e incluimos trata de persona, teoría que manejamos y que nunca se investigó como debía ser”.

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El tamaño de la ausencia*

Una vez aprendí a medir el tiempo por el tamaño de las personas, un año son setenta centímetros, porque es lo que mide un nene o nena de un año, y así con cada período de tiempo. Con esta lógica caprichosa, 7 años y medio son como un nene de 7 años y medio, como mi sobrino, cerca de un metro cincuenta. Haga el ejercicio, pose su mano a un metro cincuenta del suelo, todo ese espacio, enorme o pequeño según quien lo mire, es el espacio de vida que ocupa la ausencia de Florencia.

El tiempo nunca se movió de igual manera, los primeros días fueron con seguridad los más densos. Los amigos de Flor nos enteramos que no volvía a su casa unos dos días después de haber desaparecido, de haber llamado a Pedro, su hermano, para preguntarle si alguien la había llamado a su casa y de avisar en el trabajo que se sentía mal. Dos días después de haber ido a Confusión, un boliche de Palermo, cerca del mediodía.
Esos primeros días fueron vomitivos, la garganta cerrada, llorar y no dormir, dónde estaba esta chica, ¿dónde estás Flor? Los carteles que el ibarrismo puso en las calles porteñas se nos aparecían como retazos de un cuento ajeno, imposible que Flor me mire desde una gigantografía cuando intento una vez más ir a trabajar en bondi a las 8 de la mañana, nauseas de sostener las respuestas, durante un mes, dos meses, tres meses ¿Qué se sabe? “No, nada”, decía una. Y era verdad.
Los primeros años nos peleábamos por quién construía la hipótesis más verosímil: que se haya ido porque quiso, algunos lo pensamos. Pero claro, Florencia era obsesiva del orden, era consumista, era precavida, era coqueta. Florencia nunca se hubiese ido sin tarjetas de crédito, DNI, ropa para cambiarse. Podía ser que Florencia anduviera alienada por ahí, porque, claro, a cualquiera puede pasarle de perder la cabeza por un golpe o por alguna causa médica que no conocíamos, pero si era así, ¿por qué no aparecía viva haciendo disparates en la calle o aparecía muerta, accidentada o lo que sea? Un año más tarde, cuando nada se sabía y el silencio hacía de penumbra sospechosa, atando cabos, con furia de amiga, a una compañera se le ocurrió pensar en la trata de mujeres. Entonces ya empezábamos a tener respuestas.
Supimos que Florencia podía formar parte de las más de 600 mujeres que desaparecen por año en Argentina para ser prostituidas. Las pistas las daba la misma Policía. Las maniobras evasivas para saltearse procedimientos que requerían de agilidad, como allanamientos, citaciones a declarar, pinchaduras de teléfono y algunas declaraciones mediáticas de las autoridades policiales que llevaban adelante la causa direccionaban a la opinión pública a afianzar la idea de que Flor se había ido con un novio, cansada de una familia problemática y de su propia depresión. Eso develó la operación: la Policía estaba ocultando algo.
La semana de su desaparición Flor había llamado más de 50 veces a Julio César Yapura, un dealer. Flor tomaba cocaína cada tanto y, al parecer, ese 16 de marzo tenía ganas de tomar. Con el tiempo supimos que Flor iba seguido a Confusión, boliche en el que trabajaba Yapura y por datos extraídos de la antena de la empresa de telefonía móvil nos enteramos que ese mediodía que Flor llamó a Pedro y a su trabajo estaba cerca de Confusión. El boliche era conocido en el ambiente gay y travesti como lugar donde conseguir acompañantes escorts, según se puede contrastar googleando. De allí era la última noticia que teníamos de Florencia. Los dueños de Confusión se esfumaron cuando empezaron las averiguaciones, nunca se los pudo ubicar, al parecer habrían regresado a una provincia del norte de donde eran oriundos. A Yapura se le intervino el teléfono, uno de los cinco que tenía, pero ninguna de las conversaciones sirvió para comprometerlo legalmente, se escurría, se le fugaba a la Policía en la propia cara.
Con el tiempo, pensemos en la altura de un chico de 2 años, casi un metro, aparecieron nuevos elementos que reforzaban la hipótesis de la trata. Una amiga de Flor se entrevistó con Susana Trimarco, la madre de Marita Verón, otra mujer secuestrada por las redes criminales de trata de mujeres. Susana le contó a nuestra amiga que dos chicas de Santa Fe que habían escapado de prostíbulos de Córdoba reconocieron haber visto a Florencia en tres lugares (casitas, privados, whiskerías) distintos. Dos en la provincia de Buenos Aires y uno en el interior de Córdoba. Con ese dato increíble que nos sacaba ya del terreno especulativo, la pesquisa del fiscal a cargo debía direccionarse, salir corriendo a allanar prostíbulos, a tomar declaraciones. Pero no, eso tampoco se investigó en la causa que llevaba adelante Marcelo Retes en la Fiscalía Federal 23 de Capital Federal. Tampoco se hizo nada incluso después de que se supo que a una de las chicas volvieron a secuestrarla y a la otra la amenazaron y balearon su casa.
En 2007, llegó a manos de una amiga de Florencia un CD con las fotos de las chicas que estaban en Las casitas de Río Gallegos. Para la amiga de Florencia, que viajó hasta Tucumán a ver las fotos, una de las chicas retratadas era Flor. Los peritajes en Tucumán de la comparación entre esa foto y otras fotos anteriores de Florencia dieron positivo. Se hizo un rastrillaje en Río Gallegos y se encontraron casos de trata pero no a Florencia. Aparentemente, hacía muy poco había habido un traslado de chicas. En Neuquén se realizó otro peritaje para constatar la fotografía, dio también con un 80% de compatibilidad. En Buenos Aires, peritos puestos por la Fiscalía rechazaron la prueba. Para ellos la mujer de la fotografía no era Florencia.
Esto, que parece de ficción, es pura realidad. La pregunta que nos surge a todos es: ¿cómo puede ser avalada por el poder del Estado esta situación? Después de años, siete y medio, la única respuesta que tenemos, los amigos de Flor, es que la trata es un negocio tan grande que calma cualquier pensamiento moral. Que hace olvidar a los policías, a los operadores judiciales, a los fiscales, a los funcionarios gubernamentales, que las mujeres no somos cosas, que las personas tenemos derechos, que hay una historia larguísima en la que los poderes mundiales entre lucha y lucha se pusieron de acuerdo en que la esclavitud está prohibida por siempre, para siempre y en cualquier lugar. Pero claro, la plata
Una quiere creer que no son todos los policías iguales, pero la fuerza de los hechos se nos presenta como una ráfaga de pesimismo. Para la fecha en que Flor desapareció, Jorge Omar Cipolla era la autoridad máxima de la División antisecuestros de la Policía Federal. División en la que el caso de Flor quedó encuadrado por un llamado anónimo que resultó aportar datos falsos sobre un presunto secuestro de Florencia. El Comisario Cipolla, ese mismo que tenía a cargo la investigación de la desaparición de Flor, fue denunciado en 2010 por su supuesta participación en redes de trata y prostitución. La acción legal fue llevada a la Justicia por la agente Nancy Miño Velásquez y lo presentaba a Cipolla como responsable del cobro de coimas que darían libertad de acción a tratantes y regentes de prostíbulos de la Capital Federal y de la Provincia de Buenos Aires.

Según denuncia Sin Cautivas, organización feminista creada por amigas de Flor para investigar y difundir el caso, a tres meses de la desaparición de Florencia, el mismo Cipolla, en ese entonces jefe máximo de la División Antisecuestros de la Policía Federal, hizo declaraciones tendenciosas y determinantes en los medios de comunicación (en Clarín del 17 de junio de 2005, entre otros). Sus declaraciones afirmaban -sin pruebas que lo demostraran y previo a aportar esta información al expediente de la causa- que Florencia había planeado una fuga y que se encontraba viviendo en el interior con un hombre y en perfecto estado de salud.
El comisario Cipolla hoy fue apartado de la fuerza y trabaja en el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Al parecer, habría tenido buenos vínculos con el PRO, hace años mantiene una relación de pareja con la legisladora porteña por el PRO María Eugenia Rodríguez Araya, según consta en el semanario Miradas al Sur, Edición número 160 del 9 de junio de 2011.
Así, a 7 años y medio, a un metro cincuenta del suelo, existe la certera posibilidad de que la causa se cierre: hace ya años que no se asienta en la Fiscalía un dato nuevo. El teléfono que se colocó para aportar datos, según dice el fiscal, no ha sonado nunca, ni siquiera para una llamada equivocada, ni para mentir, ni para hacer un chiste ni para intentar quedarse con la recompensa.
En estos años los amigos de Flor aprendimos muchísimo sobre el mundo: cómo se maneja la justicia, cómo se generan y degeneran leyes, cómo explicar que la violencia contra la mujer nos atraviesa desde la mañana hasta el alba de nuevo. Aprendimos a trabajar juntos, a pensar en acciones. Y siempre nos preguntamos qué estará haciendo ahora esa chica Flor que era y es nuestra amiga. Pensamos que ella tan solidaria y de presencia fuerte seguramente sea una mujer poderosa donde sea que esté, buena compañera, con carácter y determinación. Pensamos también, a veces, qué estaría haciendo ahora si no se la hubieran llevado. ¿Sería economista?, ¿seguiría militando?, ¿qué color de pelo tendría?, ¿sería madre?, ¿sería todavía buena amiga?
Se nos hace urgente decir, conjeturar, pensar, por eso invitamos a todos, a todas a sumarse a una campaña en la que podamos opinar qué creemos que pasó, qué es la trata, qué nos acordamos de Flor, qué somos ahora, después de siete años y medio. La campaña empezó el viernes 16 de marzo –cuando se cumplieron 7 años de su secuestro- en Facebook (https://www.facebook.com/contralatrata). Ahí, miles de personas que ya están participando, dejan sus fotos con mensajes que hablan de estas cosas. Desnaturalizar la desaparición, justo en este país, que no sea normal que haya desaparecidos, parece una quimera. Difícil tarea, pero asequible.
El tiempo corre y llega una edad en la que no crecemos mas, nos quedamos en el metro setenta, metro ochenta, y no nos movemos más, antes que eso pase, que nos conformemos con su ausencia, pedimos pronta participación de todos en la búsqueda de Flor, en la difusión de su historia, en la apertura a pensar críticamente a nuestras comunidades, que todavía tienen esclavas y desaparecidas.

*Texto de Agustina Frontera publicado originalmente aquí

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Acciones contra la Trata

De un tiempo a esta parte nuestra sociedad no sólo ha reconocido la existencia de la Trata con fines de explotación sexual sino que también ha encarado una serie de medidas tendientes a terminar con este flagelo.

Varios sectores han encarado diversas acciones; así, hace más de quince años, grupos de mujeres, feministas y abolicionistas[1] vienen trabajando la problemática en diversos niveles, discutiendo en parlamentos, en universidades y en las calles. Prostitutas nucleadas en diversos agrupamientos también han propuesto medidas contra la Trata. ONGs locales e internacionales han producido informes y han elaborado mapas de flujos de tráfico. Lo mismo hicieron organismos internacionales, como la OIM o la OIT. Las acciones de familiares de víctimas, como Susana Trimarco, hicieron de la Trata un tema de agenda. Así se inició la intervención del cuarto poder, los medios de comunicación comenzaron a publicar noticias e informes sobre la Trata y hasta elaboraron ficciones que se transmitieron en horario central (no obstante lo cual, mantienen los anuncios publicitarios de proxenetas y continúan presentando imágenes de mujeres como meros cuerpos, como seres inferiores, como objetos de intercambio entre varones).

Mal y tarde, como estamos acostumbradas, aparecieron las propuestas del Estado. Al tiempo que se producían estos avances en discusiones, desde el poder judicial (y los mecanismos que este poder tiene para garantizar el “la justicia y el orden”, es decir, las fuerzas de seguridad) se continuó actuando de igual modo: cobrando coimas a proxenetas, persiguiendo y penando a prostitutas y revictimizando a las tratadas, en los escasísimos casos en los que hallaban a una. El poder ejecutivo, a cargo de Cristina Kirchner, ha encarado medidas espectaculares (en el sentido literal de la palabra): en medio de la puja con el monopolio Clarín, por decreto y en cadena nacional, prohibió la publicación de  anuncios de oferta sexual (sin distinción de quién sea al anunciante). La medida afectó los bolsillos de algunos diarios y la forma de trabajo de prostitutas que publicaban por su cuenta y, al mismo tiempo, fue un claro avance en la pelea en el plano simbólico, en el que las mujeres somos ofrecidas como un objeto más del mercado.

Desde el poder legislativo, hace cuatro años se aprobó una ley nacional cuyo espíritu es proteger las fronteras de los Estados antes que los derechos humanos de las víctimas. Es una ley que elaborada a espaldas de las organizaciones feministas, de mujeres y de derechos humanos que venían discutiendo la Trata. La letra presenta evidentes falencias: propone penas irrisorias para quienes comenten el delito y distingue entre víctimas mayores y menores de edad, como errores sobresalientes. Hace más de un año, en el parlamento, hay un proyecto de reforma para mejorar estos puntos, pero aún no se ha aprobado.

Los últimos en actuar han sido municipios y provincias. Algunas legislaturas están aprobando leyes que clausuran los bares, wiskerías, casas de masajes, cabarets, casas de citas que funcionan como prostíbulos (tal es el caso de la ciudad de Santa Rosa, en La Pampa, o la provincia de Córdoba, por citar sólo algunos ejemplos). El cierre de prostíbulos, tal como está propuesto en las leyes que hoy se discuten, es producto de una política que parte de la concepción de que la trata y la prostitución son dos caras de una misma realidad que debe erradicarse. Aun considerando los puntos coincidentes entre trata y prostitución, es pertinente distinguirlas, por lo que en la lucha contra la trata de mujeres nunca deben desconocerse ni avasallarse los derechos y la dignidad de las prostitutas, las mujeres que se consideran trabajadoras sexuales. Considerar a todas las prostitutas como víctimas y no incorporarlas en los debates y en el diseño de las políticas públicas que les atañen, es una contradicción evidente. Los cierres masivos de prostíbulos implican para las prostitutas condiciones de desprotección y vulnerabilidad. Son medidas que, además, otorgan más poder a las fuerzas policiales y de control, que son las que más abuso de poder ejercen contra ellas, física y económicamente -igual que los proxenetas, fiolos y tratantes, y en complicidad con ellos.

El cierre abrupto de los prostíbulos sin prever qué pasará con las mujeres, su seguridad y su economía el día de mañana nos parece una medida demagógica, autoritaria y punitiva contra las prostitutas, cuando a quien hay que penalizar es a tratantes y proxenetas o, en todo caso, a los clientes. Creemos que –más allá del ideal abolicionista que defendemos- la organización de las prostitutas es el paso o la herramienta de empoderamiento más importante, respetable y atendible.

Queremos un mundo sin prostitución forzada (ni física, ni económica, ni socialmente), pero el ideal abolicionista no puede materializarse en medidas punitivas que ponen en un mismo nivel a prostitutas y proxenetas (y tratantes). Ni la explotación sexual, ni la compra-venta de cuerpos como si fuesen mercancías van a disminuir como negocios porque se los prohíba un poco más. Si en algo son especialistas proxenetas, tratantes y clientes es en actuar en la clandestinidad, en la complicidad viril y en la coima. Estas medidas, a la trata, ni cosquillas.


[1] El modelo abolicionista lleva este nombre porque su fin último es acabar con la prostitución (entendida ésta como explotación sexual, especialmente de mujeres, travestis  y niñ*s, y como una de las formas más arraigadas en las que se manifiesta el patriarcado). Los países abolicionistas son aquellos en los que la prostitución no está prohibida. La prostitución de personas adultas no está sujeta a castigo alguno, pero obtener dinero de la prostitución de alguien (proxenetismo) constituye delito.
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María Fernanda Aguirre desapareció el domingo 25 de julio del 2004 cerca de su casa, cuando realizaba un encargo a su madre. Entonces, tenía 13 años y vivía en San Benito, un pueblo de 6.500 habitantes cercano a Paraná, la capital de Entre Ríos. A partir de una serie de pistas recabadas, puede concluirse que Fernanda habría sido secuestrada para ser explotada sexualmente por redes de trata.


En la causa por su desaparición estuvo implicado Miguel Ángel Lencina, un preso que cumplía una pena de 20 años de prisión por dos asesinatos pero estaba libre por un permiso judicial. Incluso el entonces gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, señaló a Miguel Ángel Lencina como autor del secuestro de Fernanda, aportando como única evidencia una serie de antecedentes por el delito de violaciones reiteradas cometidas por este. Lencina fue detenido, pero días después, fue hallado ahorcado en su celda de la seccional quinta de Paraná, y con él se perdió todo posible rastro sobe el destino de Fernanda. Las crónicas periodísticas dieron cuenta de que el cuerpo del “suicidado” había aparecido colgado a una reja del techo del patio cerrado, a la que habría llegado subiéndose a una silla o trepando una puerta. En el cuello, Lencina tenía “un surco de ahorcadura” -según dice la autopsia-, pero nunca se hicieron otros estudios para determinar si la marca era previa o posterior a la muerte. Hoy, la única detenida por el secuestro de Fernanda es la viuda de Lencina, Mirta Chávez, quien fue condenada a diecisiete años de prisión. Otro de los imputados es Raúl Monzón, que es acusado de haber tenido a Fernanda en su casa luego del rapto. Sus vecinos testificaron en su contra, pero debido a falta de pruebas quedó libre.

Los caminos de la trata
Las pistas más firmes que se encontraron en la causa fueron notas que dejó Fernanda en lugares públicos en diferentes regiones del país. La primera apareció en una botella, en diciembre de 2004. Decía que dos hombres que no conocía la tenían secuestrada y abusaban de ella. La segunda nota, que se encontró en enero de 2005, en Morón, decía “Auxilio. Fernanda Aguirre”, debajo había escrito “Portugal”. La última, fue hallada ese mismo año en el baño de un bar de Salta. En ese mensaje consignaba la fecha en que iban a estar en una conexión con el Plaza Hotel de esa provincia, y decía que quienes la tenían eran prostituyentes.


El caso de Fernanda es uno de entre los muchos de desaparecidas en democracia, hoy se cumplen ocho años de su desaparición: no se han encontrado nuevas pistas sobre qué pasó con ella y aún no se sabe dónde y cómo está. Su madre, María Inés Cabrol, murió de cáncer el 11 de mayo del 2010, tras seis años de intensa búsqueda de su hija. Su lucha es muy recordada en la sociedad ya que el de Fernanda fue uno de los primeros casos de trata que salieron a la luz en la Argentina y uno de los pocos que se pudo llevar a juicio. Aunque todavía Fernanda no fue encontrada su búsqueda liberó a decenas de chicas que se encontraban tratadas. Hoy en día es el padre de Fernanda quien continúa impulsando la causa judicial sobre la desaparición de su hija, quien tomó la responsabilidad de luchar para que el hecho no quede impune y quien continúa buscando a Fernanda.

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1 de mayo: día de l*s trabajdor*s

Las crisis político-económicas que se traducen en altas tasas de desempleo, pobreza y falta de oportunidades son el caldo de cultivo para las redes de tratantes. Una población por debajo de la línea de la pobreza es presa fácil para las redes de trata. Las mujeres y los niños reportan las mayores cifras de víctimas de la trata laboral a causa de su relativa carencia de poder, su marginación social y su estatus general en comparación con los varones. Un informe publicado por la OIT en el año 2005 calcula que al menos 12.3 millones de personas son víctimas de esta situación en el mundo. Las cifras más elevadas corresponden a Asia con 9.5 millones, seguida por América Latina con 1.3 millones, África con 660 mil y los países industrializados con 360 mil personas.

La trata laboral puede presentarse en diversas formas. Aunque es el método de esclavitud más extendido en la actualidad, el “trabajo” por endeudamiento es probablemente la forma menos conocida de la trata laboral. Las víctimas se convierten en trabajadoras por endeudamiento cuando se les exige que trabajen como forma de devolución de un préstamo o servicio cuyos términos y condiciones no han sido definidos; o en el que el valor de los servicios razonablemente evaluados de la víctima no se aplica a la liquidación de la deuda. El valor de su trabajo es mayor que la suma original de dinero prestado. Muchas de las víctimas de la trata laboral son migrantes que entran al país receptor ya de manera legal, ya de manera ilegal. En las economías modernas, con frecuencia, la coacción se da a través de la confiscación de documentos de identidad de l*s trabajador*s migrantes. Esta práctica es bastante común, ya que si un/a trabajador/a pierde su documentación de identidad queda en una situación de vulnerabilidad aún mayor.

Otra de las formas de explotación laboral es el trabajo forzado, que es una situación en el cual se obliga a las víctimas a trabajar en contra de su voluntad, bajo amenazas de violencia y otras formas de castigo, se les restringe su libertad y se ejerce cierto grado de propiedad sobre ellas. Las formas de trabajo forzado pueden consistir en servidumbre doméstica (como niñeras, mucamas), trabajo agrícola, fabril, de la construcción, trabajo en sectores de servicios de limpieza, hotelería y gastronomía; otras tareas del sector servicios o la mendicidad.

Los tratantes con frecuencia mantienen aisladas a las víctimas para evitar que reciban ayuda. Sus actividades son restringidas y generalmente supervisadas, vigiladas o escoltadas por aliados de los traficantes. Las víctimas suelen ser objeto del chantaje por parte del tratante, quien las amenaza con revelar su estatus de inmigrante indocumentado o su participación en una actividad ilegal. Al amenazar con la denuncia a la policía o a los agentes de inmigración, los tratantes se garantizan la obediencia irrestricta de la víctima.

Millones de trabajador*s en el mundo son explotad*s por redes de trata. Digamos NO a la trata.

En Argenitna, estas son marcas que usan trabajo esclavo y que han sido denunciadas porla UTC yLa Alameda

1.Kosiuko, 2. Montagne, 3.Lacar, 4.Rusty, 5.Graciela Naum, 6.PortSaid, 7.Coco Rayado, 8. Awada, 9. Akiabara, 10. Normandie, 11. Claudia Larreta, 12. Mimo, 13. Adidas, 14. Puma, 15. Topper, 16. Cueros Crayon, 17. Gabucci, 18. MUUA, 19. Kill, 20. Martina Di Trento, 21. Yagmour, 22. OnaSaez, 23. Duffour, 24.Chocolate, 25. Marcela Koury, 26. Rash Surf, 27.47 Street, 28.Cheeky,29. 45 Minutos, 30. Cueros Chiarini, 31. Lecop-Arena, 32 DM 3, 33. Chorus Line, 34. Casa Andy, 35. Capitu, 36. Vago’s, 37.Seis by Seis, 38.Pamplinas, 39.By me, 40.Batalgia, 41.Lidase, 42.By Simons, 43.Bensimon, 44.Tavernitti, 45.Escasso, 46. Belen, 47. Batalgia, 48. Rush Serf, 49. Yakko MC Básica, 50. Yessi, 51. Zanova, 52. Zaf, 53. ND, 54. Denitro, 55. Perdomo, 56. Manía, 57. Viñuela, 58. Ciclo, 59. Leed’s,  60. Mela, 61. Fiers,62. Maibe,  63. Jomagui, 64.Cossas, 65.Eagle, 66.Aleluya,  67. Dany 68. Casazu  69. Zizi, 70. Bill Bell,  72. Eagle, 73. Cleo, 74. Keoma, 75. Tobaba, 76. DOS, 77. Criguer,  78. Bombes, 79. Fila, 80. Le CoqSportif

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A diez años del secuestro de Marita Verón

El 3 de abril de 2002, en el centro de la ciudad de Tucumán, María de los Ángeles Verón  (Marita), de 23 años, desapareció. Fue capturada en la esquina de su casa por un auto rojo. Un par de policías asegura que Marita estuvo dos días desaparecida hasta ser encontrada por ellos deambulando a 30 kilómetros de su casa. Según su testimonio, el aspecto de Marita indicaba que había sido drogada y que había llegado hasta ahí escapando de una “fiesta sexual”. Los policías que recogieron a Marita en la localidad de La Ramada dicen que la subieron a un ómnibus que volvía a Tucumán, pero su relato es confuso y todo indica que fue devuelta a las redes de trata.
Dentro de la información recaudada en los distintos testimonios de la causa que investiga su desaparición, está el de una mujer que informó que Marita había caído en manos de un proxeneta, que la tuvo en su casa dos días hasta venderla a 2.500 pesos a una whiskería de La Rioja. Junto a éste se suman varios testimonios de chicas que se encontraban viviendo en la misma situación de explotación sexual que Marita y que relataban cómo habría sido drogada, violada, apuñalada, prostituida y obligada a tener un hijo con su proxeneta, José Fernando “El Chenga” Gomez.
La incansable lucha de Susana Trimarco (la madre de Marita) fue lo que permitió seguir el rastro de Marita hasta tres cabarets riojanos: “Candy”, “El Candilejas” y “El desafío” (rebautizado “La isla”). Trimarco se inició como investigadora y pudo desenmascarar redes de tratantes que operan en las provincias de La Rioja, Tucumán, Buenos Aires, Córdoba y Santa Cruz. Además, el 19 de Octubre del 2007, fundó la Fundación María de los Ángeles, en donde reciben denuncias y asiste a víctimas de Trata de Personas.


Recién 10 años después de la desaparición de Marita, este 8 de febrero en Tucumán, comenzó el juicio por el secuestro de Maritra Verón. Son 13 las personas acusadas vinculadas con el secuestro y la promoción de la prostitución (7 hombres y 6 mujeres). Entre esas personas se cuenta un policía que llevaba chicas desde Tucumán a La Rioja; un matrimonio que las captaba con engaños; una empresaria de radiotaxis que supuestamente dio la orden de raptar a Marita, y su hermano, remisero, quien la habría cumplido. En el juicio participarán en total más de 150 testigos.

Ante la ausencia de José Gonzalo “Chenguita” Gómez, uno de los 13 imputados, los tribunales de Tucumán decidieron suspender el juicio hasta el próximo martes 6 de abril, y ordenaron “la comparencia obligatoria de Gonzalo Gómez”. La querella y la fiscalía señalaron que el imputado se ausentó de la provincia sin autorización del tribunal de la Cámara Penal 2 e incluso analizaron la posibilidad de pedir su arresto.

Como el secuestro de Marita es anterior a la sanción de la ley 23.364, los 13 acusados serán juzgados por privación ilegítima de la libertad y promoción de la prostitución, en concurso ideal. Los abogados querellantes – dos por la acción penal y dos por la acción civil – pedirán que se agregue la acusación de asociación ilícita y que los delitos sean considerados en concurso real, con lo que podrían caberles penas de 10 a 25 años de prisión o reclusión; de lo contrario, las penas fluctuarían entre 4 y 10 años. Todos los acusados están en libertad. Marita no.

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Siete años después del secuestro de Florencia Pennacchi

El 16 de marzo de 2005, Florencia Pennacchi fue secuestrada en Buenos Aires. Florencia es neuquina y estaba estudiando Economía en esa ciudad. En estos siete años, el fiscal a cargo de investigar y encontrar a Florencia –Marcelo Retes- no ha hecho ningún avance para acercarse a la verdad de los hechos; después de los peritajes iniciales, la causa quedó paralizada. Desde su secuestro, dos mujeres aseguran haberla visto en prostíbulos de Córdoba y de Buenos Aires; ambas jóvenes son víctimas recuperadas de redes de trata. Hace casi dos años, cruzando información periodística, descubrimos que al menos uno de los policías que intervino en la causa de Florencia está involucrado en redes de trata de Buenos Aires y ha sido separado de su cargo por tal causa.

Buscamos a Florencia, para nosotras el 16 de marzo es el día de lucha contra la trata.

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Desde hace años venimos denunciando, junto a otras organizaciones, que las redes de trata existen porque vivimos en un Estado terrorista sexual cuyos tres poderes, junto a los medios de comunicación y a la sociedad civil son cómplices en el funcionamiento de la trata de mujeres, niñas, niños y trans. Basta conocer las declaraciones de las víctimas rescatadas o las denuncias penales de Nancy Miño, que como agente encubierta se infiltró en prostíbulos, demostró, el cobro de coimas por parte de funcionarios, comisarios e inspectores que daban libertad de acción a tratantes y regentes de prostíbulos de Capital Federal y de Provincia de Buenos Aires. También es pública la reciente denuncia de Lorena Martins, hija de Raúl Martins, empresario argentino y ex agente de inteligencia del país. Lorena ha presentado agendas con listas de funcionarios argentinos y mexicanos de distintos niveles, relacionados con una red de prostíbulos que opera en Buenos Aires. En el mismo sentido, la organización La Alameda denunció con pruebas que Martins financió la campaña electoral de 2011 del actual jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. Esta causa está hoy en manos del juez federal Norberto Oyarbide, conocido de Raúl Martins en los negocios de proxenetismo y trata de personas. Todas estas denuncias, dan crédito a las estimaciones de Mercedes Assorati (Fundación el Otro), que sugieren que la Policía Federal recibiría de los prostíbulos de la Ciudad de Buenos Aires al menos 4 millones de pesos al mes.

Aquí, en nuestra zona también operan redes de trata: se explota a mujeres, chicas trans y niñas de diversas partes del país y del mundo, pasan por nuestras ciudades y pueblos y son vendidas a proxenetas de Chubut y Santa Cruz o de Chile. Pero aquí también son secuestradas personas. Y en esto queremos hacer hincapié: las primeras horas de la desaparición de una joven son cruciales. Rechazamos de plano el accionar de la justicia local que no investiga la línea de la trata hasta que el delito está cometido. El funcionamiento de la trata es complejo: primero secuestran a la víctima (no siempre es un rapto, muchas veces es a través de un engaño, por lo que la víctima no reconoce su situación sino hasta varios días después). Segundo, la trasladan de lugar, cortan sus vínculos sociales (les quitan sus celulares o las manipulan para que envíen mensajes para despistar a la familia). Recién entonces son incorporadas en las redes de explotación sexual. Señoras/es jueces: no esperemos a que las víctimas sean explotadas para rescatarlas, una adolescente que “falta de su hogar” es una potencial víctima de alguna de las modalidades de trata.

Las redes se mantienen y crecen por la riqueza económica que generan a costa de la explotación de las víctimas y por las enormes sumas de dinero que los varones pagan para acceder al cuerpo de las mujeres. Por esto la Trata es un exponente de la articulación de los sistemas capitalista y heteropatriarcal. Es esa articulación la que hace posible que las mujeres seamos objetos-mercancías. El patriarcado, que naturaliza la diferencia de sexos como una diferencia social y política, monta sobre la división de los sexos un sistema de dominación cultural, social y económico cuyo resultado es la violencia de género y la apropiación de nuestra autonomía. Así, del 90% de las víctimas de trata son mujeres, niñas, niños y chicas trans.

El origen de la prostitución se encuentra en esta desigualdad estructural entre los géneros, y las redes de trata se montan sobre las redes de prostitución. A partir de esta desigualdad genérica estructural, los varones tienen dinero para comprar cuerpos y explotarlos sexualmente. Como venimos denunciando hace años, la pobreza, la miseria y la vulnerabilidad empujan a las mujeres a la prostitución. Pero si eso no alcanza, las redes de trata se ocuparán de arrebatarlas y explotarlas mediante la fuerza y la complicidad.

Si bien en nuestro país parecen haber voluntades políticas supuestamente tendientes a combatir la Trata, consideramos que dichas medidas no son suficientes ni están pensadas o analizadas integralmente. Consideramos que tanto la trata como la prostitución tienen que trabajarse en su integralidad y, sobre todo, incluyendo a las víctimas en los debates. Por eso mismo es que consideramos que tanto el cierre de prostíbulos en varias ciudades del país, como el decreto que prohibió los rubros sexuales en los medios gráficos son medidas que no alcanzan para combatir verdaderamente la problemática. Más bien funcionan como parches; entretanto, siguen desapareciendo sujetas para explotarlas sexualmente.

Cada año, según fuentes no oficiales, cerca de 600 mujeres son secuestradas en Argentina para ser prostituidas. Una de ellas es Florencia. Florencia no se fugó de su hogar, la secuestraron el 16 de marzo del 2005 y la justicia cómplice y sexista de este país nunca la buscó. Por eso, todxs nosotrxs estamos y seguiremos acá.

Porque Florencia “falta de su hogar”, falta de su trabajo, falta de sus amigas y amigos, falta de su familia, falta de sus estudios, falta de su futuro, falta de su autonomía, falta de la vida que construía. Florencia falta de la sociedad y eso nos involucra a todxs.

NO ESTÁ PERDIDA.

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