Documento leído hoy, 16 de marzo de 2016, en la marcha que hicimos en Neuquén

 

En clave militante, feminista, para nosotras marzo es el mes de las efemérides que nos atraviesan, de las fechas que no se festejan, de las deudas que este Estado no cancela. Es siete, es ocho, es dieciséis, es veinticuatro de marzo: ni olvido, ni perdón, ni reconciliación.

Once años después de una constante desaparición forzada se tornan insoportables, inefables. Nos escucharon todos estos años todas las palabras. Conocen las pistas, las hipótesis, las denuncias, incluso las rabias y los temores.

Así, por ejemplo, en todo este tiempo denunciamos la responsabilidad del Estado en la permanencia de las redes de trata: porque el poder legislativo no diseña leyes que realmente combatan la Trata, porque el poder judicial no persigue proxenetas ni tratantes ni busca a las desaparecidas, porque las fuerzas de seguridad siempre están implicadas en las redes y porque los gobiernos, lejos de investigar, castigar y condenar a estos policías, los premian y les adjudican más poderes.

Denunciamos que para el poder judicial argentino -aún después de lxs 30.000 y aún después de tantas desapariciones en democracia-, desaparecer  personas no constituye delito, realidad que libra a  la voluntad de cada fiscalía si se investiga o no. Así, cuando las desaparecidas son mujeres jóvenes opera además el sexismo y las explicaciones se reducen a supuestas huidas con noviecitos, a fugas de hogar o a cualquier otra especie de justificativo que las responsabilice.

El 1 de julio de 2010 hicimos público, mediante conferencia de prensa,  el nombre de quien sería partícipe y co-responsable de la desaparición de Florencia por cuanto jugó un rol fundamental en la disolución de pruebas y en la generación de información basura tendiente a dilatar la búsqueda y a generar una actuación judicial innecesaria y no conducente. Es el comisario Jorge Cipolla y ha sido denunciado por la propia policía como responsable del cobro de coimas que darían libertad de acción a tratantes y regentes de prostíbulos de la Capital Federal y de la Provincia de Bs As.  Transcurrieron casi seis años desde que hicimos pública esta información que podría haber servido de aporte y, sin embargo, absolutamente nada se investigó. Nada.

Pasaron once años,  “¿Y, qué se sabe de tu amiga?” nada, y qué avances hay en la investigación? Nada ¿Quién sabe algo de Florencia hoy? Nadie. Aquí no pasa como en las películas sobre trata de mujeres con final justo y feliz, ni como en el relato norteamericano sobre tratantes, mafiosos, policías buenos y padres rescatistas exitosos. No. Aquí no hay final ni felicidad. Porque a Yamila Cuello nadie la rescató. A Marita Verón nadie la rescató

 

Hoy tanta denuncia se nos hace silencio. Porque marzo nos atraviesa todos los veranos, todos los otoños, todos los días y todos los años. Porque parece mentira que un país con nuestra historia mantenga un poder judicial que garantiza estos niveles de impunidad. Se nos hace nudo, se nos hace carne, se nos va la vida y se llevaron a Florencia hace once años. Y aunque la única lucha que se pierde es la que se abandona, no nos está siendo vivible esta lucha porque en su transcurrir no encontramos avances. No podemos más palabras porque todavía no encontramos a Florencia, porque su familia no la encuentra, sus afectos no la encuentran, porque otras/otros que luchan no la encuentran y porque los que tienen que encontrarla ni siquiera se molestaron en buscarla. No podemos naturalizar las desapariciones forzadas como si todos los días empezara la historia, como si no tuviéramos memoria. No podemos desesperanzarnos ni desesperanzar. No se trata de cerrar la causa y hacer como que no se pudo y como que aquí no ha pasado nada. La desaparición forzada es un mecanismo de tortura, hoy y en dictadura.

 

No podemos minimizar las responsabilidades: hay un fiscal de la nación que se llama Marcelo Retes y nunca motorizó la investigación. Hay dos comisarios acusados formalmente de involucramiento en redes de trata que fueron parte de la causa de Florencia y nadie los investigó por ello. No vamos a dejar de señalar las responsabilidades. Detrás de cada desaparición hay un mundo de incomprensiones que no sana, pero también hay expectativas y hay también convicción. Podría no ser imposible. // Porque puede no ser imposible es que vamos a seguir acá.

 

Durante los gobiernos kirchneristas, los funcionarios no buscaron a las tantas mujeres desaparecidas en democracia, no tenemos ninguna expectativa con este gobierno. La  situación es mucho peor, porque la vulnerabilidad de potenciales víctimas es directamente proporcional a la pobreza, a la injusticia, a la impunidad. Este es un presidente neoliberal, fascista, represor, empresarial y machista. Sabemos que corren tiempos cada vez más hostiles y violentos, que se está desinflando la vaca que nunca vivió,  que la provincia está otra vez en ruinas, que tenemos un gobierno provincial que se supo acomodar (casi) siempre en sintonía con el gobierno nacional y un intendente del PRO. Si hay algo que en estos pocos meses hemos corroborado es que estos nuevos viejos gobernantes no van a escatimar en autoritarismo y violencia, en favorecer a los pocos de siempre y en echar por tierra las pocas políticas públicas tendientes a achicar la brecha de desigualdades económicas y de sexo-género.

 

Para finalizar, queremos decir que aunque la causa por la desaparición de Florencia esté en Capital Federal, ella es neuquina y esta provincia cuenta con una gran historia de lucha y organización, porque sabemos de dictaduras, de injusticias, de represión, de desapariciones, de saqueos, de despojos, de desplazamientos territoriales, de violencias y violaciones, de tener que abortar en la clandestinidad, de abusos, de gatillo fácil, de asesinatos a docentes, a niñxs, a jóvenes, sabemos de contaminación, de corrupción, de persecución política, de apropiaciones, de vaciamientos, de privatizaciones, de despidos, de hambre y pobreza. Hemos aprendido a luchar porque tenemos a las madres de plaza de mayo, al pueblo mapuche, a las que son HIJAS y fueron HIJOS, tuvimos choconazo y cutralcazo, tenemos a los y las docentes y estatales combativas, a las lesbianas,  a las feministas históricas, a las chicas trans, a mujeres organizadas, a las y los ambientalistas, a estudiantes, a obreras y obreros de fábricas recuperadas, a  comunicadores y comunicadoras críticas, también a los partidos políticos de izquierda y la una larga lista que continúa.

 

Pero además nos queda este encuentro, este espacio, este acto de cuerpos presentes que es un acto de resistencia. Contra el olvido, por la justicia. Insistimos. Queremos aparición con vida.

Sin Cautivas

Feministas por la resistencia

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